TRAS BAMBALINAS. Los 2 peores enemigos

Por Jorge Octavio Ochoa. En estas horas, el Presidente Andrés Manuel López Obrador luce feliz. La sonrisa que ha mostrado los dos últimos fines de semana, haría creer en el concierto internacional, que en México no pasa nada.

De hecho, él mismo se vende como un gran producto. “El 2º mejor presidente del mundo”, según encuesta de la que no se sabe mucho, pero que pone a Putin como 1er lugar… ése, que amplió su mandato por otros 10 años en Rusia.

Lo que no dijo, es que Amnistía Internacional colocó a México en un penosísimo 1er lugar en muertes de trabajadores del sector salud, con mil 320 decesos por COVID-19, por encima de los mil 77 de USA, 649 del Reino Unido y 634 en Brasil.

Sea como sea, López Obrador luce como ganador, en pleno dominio de un poder ya casi absoluto, porque las instituciones se le han plegado y se está deshaciendo de sus enemigos más peligrosos.

La negativa del registro a México Libre, organización comandada por el ex presidente Calderón, es el colofón de dos semanas aciagas, que han mermado sus índices de popularidad, pero lo mantienen con una aprobación superior al 51%.

Los videos, con la aparición de su hermano Pío recibiendo millones de pesos en sobres, causaron un escándalo mediático dentro y fuera de México, pero no afectaron sus niveles de aceptación popular, que están muy elevados todavía.

Así, el segundo informe de gobierno pasó de noche. Lo pudo sortear, paradójicamente, gracias al distractor de la lucha por el registro de partidos en el INE que, en honor a la verdad, nada significan contra el avance de Morena.

Hizo todo para sortear ese momento, porque precisamente es ahí donde están las evidencias de los dos años perdidos, y del inminente fracaso en materia de salud, educación, seguridad nacional, economía, infraestructura y ecología.

De hecho, al revisar rubro por rubro, las calificaciones del presidente de México caen estrepitosamente y el 58% de los mexicanos piensa que lo ha hecho mal en el combate a la pandemia, combate al crimen y protección al empleo.

Contra los datos duros, el Jefe del Ejecutivo Federal empuja su propia realidad. López Obrador dice que “domó la pandemia” y “aplanó la curva”, aunque más de 67 mil de sus compatriotas han muerto. La cifra ha dejado de importarle.

En el video, donde él mismo se propagandea como el 2º mejor presidente del mundo, se ve el ademán de dedo pulgar e índice, como indicativo de que la pandemia, en relación con la baja de su popularidad, es una cosa de nada.

“He caído con la pandemia 2 puntos”, y la sonrisa satisfecha, para apuntalar toda la expresión corporal: ¿qué son 2 puntitos? un “algo” sin importancia porque, tarde o temprano, la pandemia se detendrá.

La sonrisa sardónica

En su segundo informe, afirma que los índices de violencia han bajado, aunque en los hechos, las masacres se siguen registrando en Morelos, Michoacán, Guerrero, Guanajuato. Tan es así, que ya están diseminados en el país más de 71 mil militares

Unos días antes de su informe, hubo una profusa difusión de videos, en los que se muestra que viajar en “pesera” en la CDMX o el Estado de México, es una aventura de altísimo riesgo. Sin embargo, este tipo de hechos no mereció ni una mención.

Tampoco mejoró la impartición de la justicia. El índice de estado de derecho del World Justice Project coloca a México en los últimos lugares en este rubro y ha crecido la percepción de que domina la impunidad en las agencias del MP.

En materia de transparencia, hoy se sabe que más del 70% de las obras, proyectos y adquisiciones del gobierno federal, se otorgan de manera directa, sin licitación pública alguna. Y lo peor: según el INAI, este gobierno simplemente no responde.

Viene la peor debacle en 100 años

En materia económico-financiera, el propio secretario de Hacienda, Arturo Herrera, ya reveló que nos espera la peor caída de los últimos 100 años, y el 2021 será peor que el 2018 y 2019 porque ya no habrá “guardaditos” y aumentará la deuda pública.

La deuda neta del sector público se disparó en el segundo trimestre de este año a 62 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB), su mayor nivel en más de tres décadas, ante el desplome que registró la actividad económica, principalmente.

Frente a estos datos negativos, el presidente puso énfasis en la lucha contra la corrupción y la desaparición de privilegios para las clases adineradas. Sin embargo, incluso en eso, el mandatario también tuvo un duro revés de la realidad.

Existe la convicción de que López Obrador tiene acorralados a Enrique Peña Nieto y Felipe Calderón, pero en el caso del primero, sólo usará las declaraciones de Lozoya, de ser necesario. La mayoría piensa que el ex presidente no irá a la cárcel.

Así pues, López Obrador festina el control político que ha alcanzado. No existe una oposición seria que pueda detenerlo. Sin embargo, no parece haber detectado a dos de sus peores enemigos: Morena y López Obrador.

Morena, el secuestro velado

En medio de este panorama, hemos visto al partido del régimen (Morena) envuelto en una pugnacidad impensable, en la que varios grupos se disputan la presidencia, alentados incluso por el propio López Obrador.

Ya se ven por ahí a otros personajes extraños, como un tal Gibran o Anttolini, que van por la presidencia y la secretaría, también arropados por personeros del régimen, como Zoé Robledo.

Esto ya ha empezado a recibir el reproche de algunos como Alfonso Ramírez Cuellar y Alejandro Rojas Díaz Durán, pero al presidente López Obrador parece no preocuparle mucho todo esto.

La cuestión es: ¿Hasta qué punto es deliberado ese distanciamiento de López Obrador con su partido? ¿Cómo mide las lealtades y deslealtades? ¿Cómo aplicará sus propios criterios de justicia para someter a los suyos?

“El gran estratega” no se ha dado cuenta de que, dentro de su partido, también hay otros que se la saben de todas, todas, y llevan un juego doble para colocar sus alfiles en ruta para la sucesión presidencial.

Quizá piensa que, al igual que con sus adversarios, podrá aplicar la justicia entre los suyos y someterlos al juicio popular y legal. Sin embargo ¿se dará cuenta de su edad y de su deterioro físico?

Sea como sea, hoy por hoy Morena no tiene adversarios en el camino, pero aún así quiere apretar tuercas para llevar hasta la inanición a sus oponentes, con un recorte presupuestal del 50% de sus prerrogativas.

Propone una quita a los partidos, para destinar esos recursos al combate de la pandemia. Sin embargo, también esa propuesta contrasta con los hechos del pasado reciente.

En 2017, Morena aseguró que destinaría 79 millones de pesos para los damnificados del terremoto de septiembre. Lo cierto es que ese dinero fue a parar a las arcas de campaña de López Obrador.

Crearon un Fideicomiso, de esos que hoy odia tanto el mandatario. De ahí salieron 64 millones de pesos, que fueron cobrados en cheques de caja, por alrededor de 70 personas ligadas con Morena.

El fideicomiso se llamaba “Por los demás” que, según el INE, sólo era un mecanismo de financiamiento paralelo para la campaña. Los damnificados no recibieron un solo peso de dicho organismo.

Hoy es una de las grandes mentiras que el presidente convirtió en bandera de gobierno. Ha empezado la demolición de esos fideicomisos, con una doble moral que hoy nos tiene impactados.

Burla sardónica, como la sonrisita que hoy exhibe ese, al que ya no podemos llamar por su acrónimo, aunque con él pidió el voto que hoy lo tiene donde está. Ha prevaricado, porque las redes sociales ya no son tan benévolas con él.

Se ha convertido en una marca registrada, una marca comercial… igual que El Sendero del Peje (SDP); nada más fifí y neoliberal. Una contradicción tras otra.

Hoy, a la luz de esa sonrisa burlona, queda claro que su gobierno se ha asentado sobre las cimientes del odio, el rencor y la venganza. ¡Salud mandatario! Sólo de los justos será el reino de los cielos.

 

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