TRAS BAMBALINAS. La farsa más grande del mundo

Jorge Octavio Ochoa. Licenciado en Periodismo con estudios en la Universidad Latinoamericana (ULA) y la escuela de periodismo Carlos Septién García. Reportero, cronista, columnista durante más de 30 años en los periódicos El Día, Unomasuno y El Universal y comentarista en Radio 13 y QUADRATRIN. Fue asesor de Comunicación Social en la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (Sedatu) y en el Registro Agrario Nacional (RAN). Director del proyecto LAREDSOCIAL.

Por Jorge Octavio Ochoa. En la década de los 90, luego de pasar por días aciagos, en que la estabilidad del país se tambaleaba, Carlos Salinas de Gortari pasó de ser un presidente ilegítimo, bañado por la sospecha del megafraude electoral en 1988, a ser el presidente más poderoso de la historia, con un índice de popularidad de casi un 80%.

Un hombre por demás astuto, con amplia preparación. Supo doblar la pésima imagen que arrastraba, a base de golpes… pero a su propio partido. Su primer acto de gobierno, fue meter a la cárcel al líder sindical más poderoso de aquellos tiempos: Joaquín Hernández Galicia, “La Quina”. Luego planteó cambiarle de nombre a su partido, el PRI, por el de “Solidaridad Nacional”.

Fue cuando empezó el gran choque de trenes. Salinas llamó a sus oponentes del PRI como “la nomenklatura”. Entonces empezaron a ocurrir en México una serie de episodios extraños, desde un alzamiento de indígenas en Chiapas, hasta los asesinatos de Luis Donaldo Colosio y José Francisco Ruiz Massieu. Todo, en un solo año: 1994.

Se sucedieron historias, increíbles y macabras: una guerrilla que duró 12 días, armada con rifles de palo y discursos poéticos del subcomandante Marcos; una “vidente”, Francisca Zetina, “La Paca”, que aseguraba haber visto en su contacto con los muertos, el cadáver del diputado Manuel Muñoz Rocha, acusado de haber planeado el asesinato de Ruiz Massieu.

Así, en esos entretelones, se profundizó la caída del PRI, que de por sí arrastraba ya con un historial negro, que hacían prácticamente insostenible su permanencia en el poder. Entre el alzamiento armado del EZLN y la caída en las encuestas de Luis Donaldo Colosio, empezó a crecer la figura de Manuel Camacho Solís, que también ambicionaba la candidatura presidencial.

Camacho y Marcelo Ebrard ya figuraban desde 1985, cuando el primero fue encargado del proceso de reconstrucción de la Ciudad de México, tras el terremoto. Después tuvo un gran protagonismo político. Fue uno de los principales negociadores de Carlos Salinas ante Cuauhtémoc Cárdenas, cuando el PRI le robó la elección, en 1988.

Después de eso, el blanquiazul obtuvo su primera gubernatura de la historia (Baja California). Ya se columbraba el arribo de ese partido al poder… de no haber sido por el voto del miedo, o de la lástima, tras el asesinato de Colosio. Ernesto Zedillo llegó inesperadamente a la presidencia; sería el encargado de mantener el modelo económico neoliberal.

En 1991, siendo Carlos Salinas presidente de la República, Manuel Camacho Solís entregó miles de millones de pesos a López Obrador. Algunos dicen que fueron 9 mil millones, para desalojar el Zócalo y como presunta indemnización por los derrames de Pemex en Tabasco. Luego, las protestas fueron por el presunto fraude electoral en aquella entidad.

Álvaro López Ríos, dirigente de la Unión Nacional de Trabajadores Agrícolas (UNTA) asegura haber sido testigo, de una reunión en 1991, en la que Camacho ordenó, siendo regente capitalino, que se le entregaran 150 millones de pesos en efectivo, en tres cajas de huevo, para que pusiera fin a sus protestas por el fraude electoral en Tabasco. En dicha reunión estaba presente Marcelo Ebrard.

Fue así como AMLO fondeó su larga campaña de más de 14 años hasta llegar a la presidencia de la república. Macario Schettino, hombre cercano al gobierno de Rosario Robles en el GDF, también admitió haber sido testigo del desvío de dinero de las arcas de la ciudad de México, para apuntalar la candidatura de López Obrador en las 100 colonias más pobres de la capital del país.

En el ínterin, Salinas de Gortari creó un sólido grupo de empresarios a los que dotó de un gran poder económico, que hoy, con el arribo de Morena y la autoproclamada 4ª transformación al poder, forman parte del primer círculo de asesores Lópezobradoristas: Carlos Slim, Ricardo Salinas Pliego, Emilio Azcárraga, “la Mafia del Poder”.

Todos ellos fueron calificados por López Obrador como “el grupo de potentados surgidos de las privatizaciones”, en su libro La mafia que se adueñó de México… y el 2012 (Grijalbo), “multimillonarios” que constituyen, según decía entonces, el “supremo poder oligárquico” que consolidó su influencia a partir de 2006, justo con la presidencia de Felipe Calderón.

El discurso Obradorista desbarra contra “el período neoliberal”, pero los hechos recientes revelan un enorme contrasentido, tan sólo a la luz de la confirmación del TLC, hoy conocido como T-MEC, que ahora los morenistas publicitan como el gran logro del nuevo movimiento que gobierna a México, pero que le obliga a cumplir a rajatabla ciertos pactos, acuerdos y convenios con Estados Unidos.

Estas contradicciones han empezado a hacer crisis en el discurso del primer mandatario. Los hechos lo acercan al odiado Carlos Salinas de Gortari, tanto como sus personeros incrustados en la 4T. La realidad también se ha convertido en una terca enemiga. Hoy, dos de sus proyectos estelares como la generación de energía mediante carboeléctricas y Dos Bocas, lo colocan a decenas de años de atraso.

Incluso los académicos más moderados ya advierten: “Cuando las autoridades del país hablan de desarrollar un modelo antineoliberal, sus márgenes de acción son sumamente restringidos porque, por desgracia, o como resultado de la globalización, todo lo que pasa con nuestro principal socio comercial repercute en la nación”.

Hoy, México sigue a rajatabla los dictados de aquel viejo TLC. El belicoso López Obrador, que no dejaría sin respuesta uno solo de los ataques de Donald Trump, ahora se mantiene dueño de sus silencios, despliega la Guardia Nacional en la frontera sur para impedir el paso de inmigrantes y cumple la cuota de entrega de aguas nacionales en Chihuahua, porque así lo exige el vecino del norte.

Todo parece una gran ficción, la farsa más grande del mundo, la mejor mentira jamás contada.

Es el mundo al revés o el doble rostro. México va por una apertura total a través del Tren Maya, sin que existan consensos, acuerdos, diálogo. Todo es a través de consultas fantasma, en las que todo mundo sabe cuál será el resultado. Hoy, ninguno de aquella “Mafia del Poder” es investigado, ni mucho menos está en la cárcel. Sólo una, que le sabe muchas cosas: Rosario Robles Berlanga.

Así se ensaña contra los que no le son leales. Ahí está el caso también de Jaime Cárdenas Gracia, a quien López Obrador acusó de tener miedo y falta de ganas para combatir la corrupción; “el que se aflige, se afloja”, le dijo en tono hiriente a uno de sus más fervientes seguidores, hasta que se le pidió cerrar los ojos y mirar a otro lado con un cheque de 2 mil millones de pesos para una rifa inexistente.

En Veracruz, ante las manifestaciones en contra de su gobierno, el presidente Andrés Manuel López Obrador advierte a “los opositores” que se preparen, porque no les dará tregua… y anuncian la instalación de una megapantalla, en el Zócalo, para meter hasta la médula su discurso de las mañaneras, a los simpatizantes de FRENAA, en triple horario: 7:00 am, 2:00 pm y 21:00 pm. “Tengan pa que se entretengan”.

Ahora, el mandatario aparece arropado por uno de los sindicatos más corruptos del mundo, el de petroleros, donde todos sus dirigentes y ex dirigentes podrían ser motivo de investigación ante la Fiscalía General de la República (FGR), por enriquecimiento inexplicable. Sin embargo, hoy son los que acuerpan el movimiento y los proyectos de la cuarta transformación.

Hoy, bajo los mismos esquemas priistas, revive, primero, el presidencialismo omnipotente, que ordena y dicta. Luego, pondrá en orden a Morena, para reinstaurar el sistema de partido de Estado. Después continuará con la renovación de sectores, donde el campesino, obrero y popular, se volverán una base más ancha, de Renovación y Esperanza donde, según él, podrán caber todos.

Tal y como lo quería Carlos Salinas de Gortari, con su Solidaridad Nacional. Creo que nos han tomado otra vez el pelo, con historias increíbles, cuentos de fantasmas y paraísos que nunca llegarán, como no llegaron para más de 76 mil que hoy están muertos por la pandemia; más de 60 mil por el crimen organizado y más de mil 600 niños, que no tuvieron medicinas para el cáncer.

Esa es la paz que quizá nos quiere dar.

 

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