TRAS BAMBALINAS. La dolorosa relación prensa-gobierno

Por Jorge Octavio Ochoa. Como en muchas otras áreas, el gobierno de la 4T ha empezado a descarnar las turbias relaciones del gobierno con varios sectores, entre ellos, la prensa.

Para nadie es nueva la pecaminosa relación que han mantenido los medios de comunicación con las altas esferas del poder, particularmente en la era de los 80s… y antes.

Hasta la fecha resuena impúdica, la frase de José López Portillo: “Te pago para que me pegues. ¡Pues no faltaba más!”, en referencia a los jugosos contratos de publicidad que otorgaba.

Desde 1982, el famoso JOLOPO, abrió el debate que hasta la fecha sigue expuesto. La brutalidad de las expresiones del actual presidente de la República, no son nuevas.

¿Una empresa mercantil organizada como negocio profesional, tiene derecho a que el Estado le dé publicidad, para que sistemáticamente se le oponga? Se preguntaba López Portillo. Hoy, parece que AMLO se pregunta lo mismo.

“Ésta, señores, es una relación perversa, una relación morbosa, una relación sadomasoquista que se aproxima a muchas perversidades que no menciono aquí por respeto a la audiencia”, decía el presidente, que pretendía emular a Morelos, con un paliacate en la cabeza.

Como cadáver abierto en canal, esa relación se mantuvo vigente hasta el sexenio de Enrique Peña Nieto, con sus matices en los periodos de Fox y Calderón.

Los “convenios de publicidad” se mantuvieron, como parte de acuerdos sobreentendidos.

En un remedo de “depuración”, los periódicos suspendieron las comisiones de publicidad a los reporteros titulares, cuya fuente asignada, pagaba planas de inserción.

Se limitó ese pago a la publicidad de aniversario y, al final, los dueños decidieron suprimir esos pagos y no otorgar compensación alguna a sus reporteros.

Sin embargo, los sueldos de los periodistas nunca mejoraron. Los dueños de medios, editores, jefes de información o superiores, cerraron los ojos al llamado “chayo”.

Todos conocían de su existencia, pero miraban hacia otro lado, considerándolo como una complementación al salario nominal del periodista.

Luego, los gobiernos se dieron a la tarea de fortalecer o crear sus propios líderes de opinión, que se encargaban de fijar la agenda informativa.

ESPINA, PERO ES DULCE

Los dueños supieron ocultar la viga, para exponer la paja en los ojos de los reporteros.

Hoy, fiel a su costumbre, López Obrador reabre el debate, mal informado, mal intencionado, doloso, lleno de visceralidad, embarrando de lodo a todos por igual.

Con sueldos miserables, de entre 6 mil, 8 mil y 10 mil pesos mensuales, la mayoría de los reporteros de medios impresos y radio principalmente, salen día a día a ganarse el sustento.

Sólo algunos medios como Reforma, Televisa, TV Azteca, El Universal y en menor medida La Jornada y Milenio, otorgan sueldos que, a duras penas, se acercan a lo decoroso.

¿Por qué no se transparenta esa información? ¿Cuánto gana hoy en promedio un reportero en México? ¿Cuáles son los riesgos? ¿Cuáles sus horarios de trabajo? ¿De qué seguridad gozan?

Es un debate, como decíamos, que data ya de generaciones, y que expuso a los reporteros a la maldita mendicidad del Chayote, porque “espina, pero es dulce”.

El PRI lo inventó; los medios y periodistas lo aceptaron a ojos cerrados.

El viejo partido en el poder lo enquistó, bajo dichos brutales y vergonzosos: “sobre chico, chayo grande”. Los jefes de información, editores, se hicieron de la vista gorda.

Desde sus tiempos de ensalzador y compositor de himnos priistas, López Obrador conoció de estas prácticas y, como ahora dice él, “calló como momia”.

Él sabía que, por encima de esta penosa situación, los dueños de medios se embolsaban millones de pesos, con el elegante eufemismo: CONVENIO DE PUBLICIDAD.

El maldito chayo desapareció poco a poco, pero los CONVENIOS prevalecieron.

LOS LADOS DE LA MONEDA

Hoy, que las percepciones de las nuevas élites del periodismo han sido reveladas, pseudo periodistas de todos los niveles se rasgan las vestiduras y dicen que ellos no.

En medio de una sociedad ávida de sangre, como en el circo romano, hoy están en la palestra los nombres de Epigmenio Ibarra y Carmen Aristegui.

También se ventilan los nombres de John Ackerman, Estefanía Veloz, Gibrán Ramírez, Antonio Attolini Murra y hasta el reconocido historiador Lorenzo Meyer.

Ellos perciben sueldos mensuales superiores a los 150 mil pesos. Lejos de ser reporteros, estos comentaristas se defienden. Explican que las grandes sumas de dinero que perciben no son CHAYOTE, sino parte de su sueldo.

Estefanía es el caso ejemplar. La joven percibió en 2020, casi un millón de pesos. Colabora en el canal del Instituto Politécnico Nacional (IPN) como “analista política” y de temas feministas.

Entre enero y junio estuvo adscrita a la Subsecretaría de Asuntos para América del Norte de la Secretaría de Relaciones Exteriores. Ahí percibía adicionalmente 73 mil pesos mensuales, de acuerdo con registros de la Cancillería.

 

Otro caso es Gibrán Ramírez Reyes, exaspirante a la dirigencia nacional de Morena, quien ganó 1 millón 354 mil 385 pesos en Canal Once durante 2020. Pretende ser uno de los ideólogos de Morena.

Ramírez conduce el programa De buena fe; Estefanía Veloz colabora en dicha emisión. Su contrato está firmado como Estefanía Juárez Mora y tiene rango de reportera. Ganó 108 mil 576 pesos en el trimestre final de 2019 y 867 mil 063 pesos en el 2020.

ENTRE LO LEGAL Y LO INMORAL

Luego surgieron otros casos, como el de Carmen Aristegui, a quien le imputan haber recibido publicidad oficial en un medio informativo de su propiedad. En estricto sentido, esto es lícito y no tiene nada de ilegal. Pero fue suficiente para recalentar el enfrentamiento.

Los contratos, salvo en el caso de Epigemenio, son iguales a los que siempre otorgó el gobierno federal, dígase el gobierno que se quiera: Fox, Calderón, Peña, López Obrador.

En el caso de Joaquín López Dóriga, el presidente López Obrador lo llamó CHAYOTE. Respecto a las percepciones de Aristegui, guardó silencio. Doble moral se le llama a eso.

EL debate se ha descarnado, luego de las recientes denuncias contra Epigmenio Ibarra, por el préstamo de 150 millones de pesos que le otorgó el gobierno federal a través de Nafinsa.

Argos, recibió el empréstito justo cuando otras empresas reclamaban ayuda fiscal, ¡Ni siquiera préstamo!

Insistimos: en términos legales, Epigmenio Ibarra puede endeudarse como quiera y cuando quiera. El problema es que hubo un trato distinto que a las MiPyMes.

Algunos dicen que esto es “una traición al pueblo”. Exageran. Sin embargo, sí es poco ético. Se trata del productor que prepara la gran biografía del que pretende ser el mejor presidente de México. Es decir: propagandista.

Esto dice mucho de cómo el actual gobierno premia a sus allegados y fieles defensores, dice la diputada del PRD, Karem Vargas. “Ello demuestra que AMLO no gobierna para todos, sólo para quienes comparten su credo y se han convertido en sus guardaespaldas ideológicos”.

Lo más lamentable, es que López Obrador nunca entró al debate real sobre el monto salarial de los reporteros, que sacrifican tiempo y familia, en largas coberturas informativas para ensalzar a esos que hoy los denuestan.

Nunca se ha discutido, por ejemplo, los ceses fulminantes y masivos que cada 9 años realizan algunos medios “grandes”, como El Universal, para no asumir compromisos de seguridad social con sus empleados.

Pero AMLO, blande la espada. Generaliza, corta cabezas sin ton ni son; con una visión miope, estúpida, obtusa, sin entrar al fondo de la desgracia de un gremio que se resiste a vivir manipulado, sojuzgado.

Los reporteros son los que sudan la nota. Los comentaristas sólo ponen la cara, desde un estudio de radio o televisión; desde un escritorio, en la élite de los intelectuales y analistas, que lucran con el sudor de la nota reporteada.

SÍ, SÍ HAY PROBLEMA

Aunque él diga que no hay problema, sí, sí lo hay. Cuando se generaliza, se difama… y eso es lo que ha hecho López Obrador desde su tribuna: difamar, amenazar, poner contra la pared a sus opositores, y luego hacerse querer pasar como bueno. Sí, claro que sí hay problema.

Ahora ahí está Carmen lamentándose, victimizándose, por esa injusta andanada en su contra. Pero cuando a otros de sus compañeros los lapidaron, ella “calló como momia”.

Pero esto no es de ahora, lleva al menos 4 décadas y hasta la fecha, pocos conocen la tremenda soledad que vive el reportero, no sólo al encarar la hoja en blanco para dar el enfoque, sino al momento de enfrentar la envidia y la falta de unidad del propio gremio.

No hay peor enemigo de un reportero, que otro reportero, pero el “chacaleo” es el deporte favorito, de todos aquellos que quieren sobresalir, destacar.

Los ataques desde lo más alto del poder tampoco son nuevos. El que esto escribe fue tildado de NARCOREPORTERO por el ex Procurador General Jorge Carpizo, durante el gobierno de Carlos Salinas de Gortari.

Todo por haber publicado en UNOMASUNO la versión, filtrada por un diputado del PAN, de que ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación servían como asesores de abogados del narco. La grabación existió, Carpizo nunca se disculpó.

El que esto escribe, sufrió también el acoso de Elba Esther Gordillo, en su época de Secretaria General del PRI, y pidió el despido a los altos directivos de EL UNIVERSAL. Estos se negaron, pero concedieron un “cambio de fuente”.

También en EL UNIVERSAL, fuí objeto de una difamación del entonces candidato a la Presidencia, Andrés Manuel López Obrador, cuando se publicó la crónica de “El movimiento soy yo”. Los senadores del PRD le pedían terminar con la toma de tribuna en el Senado; él les respondió en esos términos, que dieron paso a la cabeza del diario.

AMLO acusó entonces al reportero de ser: “agente del CISEN”. Lo más triste, fue que la cobardía no sólo quedó en él. Dos reporteras que sabían el origen de la grabación, enmudecieron en el patio de la “Casa de Campaña”, en la calle de San Luis, Colonia Roma.

Fue una especie de revancha, por la “chacaleada”, aunque ellas tenían la misma grabación. Ese es el mundo del reportero. Son las tristezas que muchas veces debe sufrir, a solas, con la saliva atorada en la garganta, la boca seca, por el miedo, la rabia y la decepción.

Sí, sí hay problema Presidente. Pero usted siga incentivando el odio y la violencia. Es muy posible que antes del 6 de junio estalle la violencia, pero todos sabemos quien será el culpable.

Ahí está su pupilo más aventajado, Félix Salgado Macedonio, quien ya lanzó una amenaza abierta al Instituto Nacional Electoral (INE) y advirtió que, de no autorizarse su candidatura para gobernador, en Guerrero no habrá elecciones el próximo 6 de junio.

“Se los decimos de una vez, no va a haber elecciones en Guerrero y en el Congreso van a mandar a un gobernador interino y ese gobernador interino va a convocar a una nueva elección en un término de seis meses y de todos modos voy a ser el gobernador de Guerrero, ¿para qué le dan vueltas? Yo no voy para atrás, todo para adelante”, dijo el beodo candidato.

El Estado soy yo, y que chingue a su madre el país, ¿O no, señor Presidente?

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