TRAS BAMBALINAS. ¿Golpe o cesión del Poder al Ejército?

Jorge Octavio Ochoa. Licenciado en Periodismo con estudios en la Universidad Latinoamericana (ULA) y la escuela de periodismo Carlos Septién García. Reportero, cronista, columnista durante más de 30 años en los periódicos El Día, Unomasuno y El Universal y comentarista en Radio 13 y QUADRATRIN. Fue asesor de Comunicación Social en la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (Sedatu) y en el Registro Agrario Nacional (RAN). Director del proyecto LAREDSOCIAL.

Por Jorge Octavio Ochoa. Ese que habla de golpes de Estado no entiende o se hace el loco. Lo que hoy vive México es, ni más ni menos, el inicio de la cesión paulatina del Poder a las Fuerzas Armadas.

En Estados Unidos, tienen clara esa perspectiva. La oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA) advierte tajante que: “en México el peso del Ejército es tan grande, que no hace falta un golpe de Estado”.

Para el WOLA, México está literalmente militarizado, con un despliegue de más de 200 mil elementos que hacen tareas de vigilancia en las fronteras, labores de seguridad pública; y el régimen le ha dado “un llamativo papel en obras prioritarias”.

Esa fue la respuesta indirecta y burlona, que el gobierno de Estados Unidos dio a la queja diplomática que presentó López Obrador, por el presunto financiamiento “injerencista” de ese país a organizaciones civiles adversarias a su régimen.

Ese “llamativo papel” se ve en los hechos y en las obras: como el Tren Maya; la administración del aeropuerto de Santa Lucía; el control de puertos marítimos y aduanas; el control y vigilancia permanente de la planta de Dos Bocas.

Todo ello, con el presupuesto más grande de su historia, y la creación de un fideicomiso multimillonario de 64 mil 628 millones de pesos, que hacen brutales las penurias financieras que viven ahora las universidades públicas, por ejemplo.

MILITARIZACIÓN

Cuando era opositor, López Obrador criticó amargamente la guerra desatada por el expresidente Felipe Calderón contra el crimen organizado. Hoy que está en el poder, él ha desplegado el doble de militares en las calles.

Calderón desplegó poco menos de 110 mil elementos de las Fuerzas Armadas en su fallido intento de someter a los cárteles criminales. López Obrador ya tiene en las calles a más de 200 mil.

En total, las Fuerzas Armadas han asumido ya más de 20 funciones que antes realizaban civiles, y que van no sólo desde las tres grandes obras arriba señaladas. También están involucradas en:

  • Construcción de las 2,700 sucursales del Banco del Bienestar, concesionadas a Banco Azteca, de Ricardo Salinas Pliego.
  • Apoyo al programa Jóvenes Construyendo el Futuro.
  • Traslado de pipas de gasolina
  • Distribución de vacunas en todo el territorio nacional.
  • Reparto de libros de texto
  • Custodia de la refinería de Dos Bocas

LA RISITA SARDÓNICA

Por todo esto, la risita sardónica de López Obrador, en torno al tema de la reelección, hoy resuena como una burla. Es la puntilla que prepara, gane o pierda la mayoría absoluta el próximo 6 de junio.

Su 4ª Transformación, no puede concebirse sin un golpe de este tamaño. Necesita un testaferro en la Suprema Corte, que se comprometa a llevar a cabo su proyecto, vigilado y subordinado en todo momento a las Fuerzas Armadas.

Es necesario que los mexicanos guarden en su memoria este instante. Podría convertirse en la advertencia más cínica y desparpajada de la cesión del Poder y la definitiva militarización que el actual presidente está instrumentando.

En el futuro cercano, el Ejército empezará a tomar los bártulos para “imponer orden” en un país que ya rebasó todo límite de credulidad, corrupción, libertinaje, tolerancias y condescendencias.

AMLO REVENTÓ YA LA ELECCIÓN

Es por eso, que el presidente de México ya se dirige sin el más mínimo respeto, ni a las leyes, ni a sus representados. Pueblo, son aquellos que le obedecen ciegamente. Adversarios, todos quienes le critican.

De manera impúdica, ilegal, sin tapujos, en plena veda electoral, López Obrador se publicitó como el Presidente más popular, según encuesta extranjera. Para él, ni el Instituto Nacional Electoral, ni el Tribunal Electoral, merecen su respeto.

Le importa poco lo que opinen y, de hecho, los provoca en busca de que lo sancionen. Él pagará gustoso la multa, y para cuando este pueblo reaccione, será muy tarde. El golpe estará dado.

Podemos afirmar desde hoy, que el proceso electoral de junio próximo está absolutamente reventado. Desde la Presidencia de la República se violaron todas las reglas. López Obrador se dedicó a desacreditar a los contrincantes.

Ya metió en el terreno judicial todo el proceso, al torpedear a uno de los candidatos en la elección de gobernador de Nuevo León, por un hecho que, además de todo, es falso, pues no existe el presunto reparto de dinero, porque no existe tarjeta.

Por otro lado, ordenó a destiempo, un proceso de desafuero al gobernador de Tamaulipas, a sabiendas de que el Congreso del Estado, de mayoría panista, rechazaría obedecer la orden emanada desde el centro del país.

La Suprema Corte simplemente se negó a controvertir lo que ya establece el artículo 111 constitucional. El desafuero ordenado por el Congreso de la Unión sólo surtirá efecto hasta que el mandatario estatal concluya su mandato.

Es un elemental blindaje del Pacto Federal.

MORAL DISTRAÍDA

López Obrador se dibujó a sí mismo como el paladín de la democracia, y por eso admitió públicamente haber “metido la mano” en el proceso electoral de Nuevo León, en abierta provocación.

Sin embargo, nada ha dicho de la multa por 224 mil pesos, que la Sala Especializada del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) determinó en contra de su partido por un pequeño detallito:

Resulta que Morena mintió al difundir en un spot de televisión, que donaría parte de sus tiempos en radio y televisión, para ceder el espacio a campañas de protección contra el Covid19, lo cual fue falso.

La Sala Especializada del TEPJF determinó que Morena incurrió en clientelismo electoral y coacción del voto. Los magistrados catalogaron esto como “una actitud protagónica”.

Engañó a la ciudadanía asegurando que cedió sus tiempos de radio y televisión para difundir información relacionada con el covid-19 pese a que desde el 2020 el Instituto Nacional Electoral aclaró que Morena nunca cumplió.

Esto no es nuevo en Morena. Lo mismo hizo en el 2017, cuando dijo que donaría parte de prerrogativas a los damnificados de los terremotos. Lo cual nunca hizo.

La Sala Superior también multó a Morena por proyectar un promocional con la imagen de Félix Salgado Macedonio cuando ya no era el candidato a la gubernatura de Guerrero.

HABLANDO DE CÓDIGOS DE ÉTICA

En resumen: si nos remitiéramos a un Código de Ética imaginario de la Presidencia de la República (que en los hechos no existe), ¿qué sería más inmoral?:

A).- Prometer programas sociales a través de tarjetas inexistentes.

B).- Utilizar la desgracia de una pandemia para publicitar a un partido .

Preguntamos esto porque ese es el nivel de debate que está en la mesa, de cara al proceso electoral más delicado y masivo en la historia del país.

El Jefe del Ejecutivo Nacional metió en esta olla de presión a los mexicanos desde el inicio de la semana pasada, en medio de sendas amenazas de persecución judicial.

La discusión se da también a tan sólo 15 días de una de las desgracias más desgarradoras en la Ciudad de México, el “Metrazo” en la Línea 12, que se gestó desde el inicio mismo del proyecto.

Ese es el nivel de bajeza en la que se ha metido a los mexicanos, en un desquiciado afán de recuperar, ya no digamos la credibilidad perdida por su partido en estos dos años de gobierno, sino la autoridad moral.

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