Tras Bambalinas. El que entendió, entendió…

Por Jorge Octavio Ochoa. México se enfrenta hoy a una pandemia y tres graves crisis que podrían desatar un estallido social entre mayo y junio próximos.

Esto ha generado gran preocupación en el vecino del norte, que evidentemente ha empezado a tomar medidas de contención, de bajo perfil, pero que apuntan hacia una postura específica, en medio de la pugna geopolítica que Joe Biden ha abierto con Rusia.

Aunque suene malagradecido decirlo, al inocente envío de 2 millones de vacunas AstraZeneca a México, lo precedió la declaración del jefe del Comando Norte de Estados Unidos, general Glen VanHerk.

Abiertamente advirtió: “narcotráfico, migración, tráfico humano, todos son síntomas de las organizaciones criminales trasnacionales que operan con frecuencia en zonas sin gobierno: 30-35% de México”.

Se refiere a bandas “trasnacionales” que interactúan ya con el crimen organizado, que operan “sin gobierno” dentro del país. Esto fue dicho desde el Pentágono, en una conferencia en la que también participó Craig Faller, jefe del Comando Sur.

Hablaron así, sobre las principales amenazas que enfrenta Estados Unidos, pero desde la perspectiva de México. Esas zonas “sin gobierno”, son las que “… están creando algunas de las cosas que enfrentamos en la frontera”.

Aunado a estas declaraciones y al envío de vacunas, Chiapas amanece este fin de semana con cerca de 3 mil efectivos de la Guardia Nacional, Armada de México, agentes de Migración y médicos y enfermeras que serán desplegados en la frontera con Guatemala.

Le llaman “rescate humanitario de migrantes” al operativo, que estará vigente hasta el 2 de abril, aunque nada impide dejarlos por más tiempo. Pero, el marco de referencia de estas medidas es lo que preocupa.

Estos sucesos estuvieron enmarcados por la jornada más violenta del presente año, que confirman a México como el país más peligroso de las naciones que no están en guerra: 13 elementos policiacos fueron emboscados y acribillados en Coatepec Harinas, Edomex.

Esto, luego de que en Chiapas, fue brutalmente acribillado Pedro Gutiérrez, precandidato de Morena a la alcaldía de Chilón -demarcación indígena tseltal-, junto con su hijo Kevin, de 8 años. Su esposa logró escapar.

Luego, apenas el viernes pasado, Ivonne Gallegos Carreño, exdiputada local del Partido Acción Nacional (PAN) y candidata por ese partido a la presidencia municipal de Ocotlán de Morelos, Oaxaca, fue asesinada a balazos.

Según datos de la consultora Etellekt, entre el 7 de septiembre del 2020 y lo que va de este año, se han registrado 238 agresiones a políticos, con un saldo de 218 víctimas, entre precandidatos, candidatos, exalcaldes, regidores, funcionarios partidistas o de gobierno.

De ese total, 61 fueron asesinados, lo que representa dos en promedio por cada una de las 28 semanas que van del actual proceso electoral en México, el más grande que se ha registrado en la historia.

Este panorama es preocupante; confirma que, efectivamente, el 35% del territorio nacional es tierra de nadie. López Obrador lo rechaza, igual que rechaza el agravamiento de la pandemia, o la profundización de la crisis económico-financiera.

Al margen de lo que él diga, la realidad no acepta debates. Hay un ambiente de descomposición, que desgraciadamente ha sido avivado por el propio presidente, con su extraña estrategia de dividir más a los mexicanos.

La proporción es prácticamente de 50-50, pero entre las diferencias hay también un creciente clima de odio, propiciado también por López Obrador, quien irresponsablemente arenga para encontrar enemigos específicos, con nombres y apellidos.

Igualmente impulsa una campaña de socialización, predisponiendo a la empresa privada al repudio. Son Bimbo, Walmart, Femsa, colocadas en el ojo de la aversión. México juega así con fuego, en medio de la confrontación geopolítica USA-Rusia-China.

Necio hasta la psicosis, obcecado, no ha entendido la gravedad, ni la realidad de la situación. Ha sido como intentar sacar palabras a una pared. El asesinato de mujeres es para él, un hecho aislado, igual que la llamada Guerra contra el crimen organizado.

Lo que no está claro, es si esa ideologización extrema que ha emprendido AMLO, incluye la intervención de bandas criminales como la del cártel de Sinaloa, pues hasta la fecha la liberación de El Chapito, sigue siendo extremadamente sospechosa.

¿Con un solo enfrentamiento ganó todas las batallas el cártel de Sinaloa?

El buen gobernante integra equipos de trabajo, se asesora, escucha. El dictador da manotazos, ordena, grita, se enfurece, insulta, amenaza y utiliza las instituciones para cumplir sus fines. Esto último es lo que estamos experimentando en México.

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