Railrod cimbró la ciudad de México con el primer autoconcierto rockero

Railrod vive gracias a su calidad, el sueño de toda banda joven: gustar y crecer en los escenarios más importantes. Su meteórica carrera ha llevado a que la creatividad de Oscar “The Os” Estrada haya ascendido a tal extremo, que se ha presentado al lado de grandes monstruos del rock mundial como Aerosmith, Kiss, Guns and Roses, entre muchos más y haber pisado escenarios como la Arena Ciudad de México, El Lunario, La Arena Monterrey, Foro Pegaso, y muchos más, e incluso haber formado parte del roster de Billboard en México y en Estados Unidos. Esta noche ha escrito una histórica nueva página, al convertirse en el primer grupo mexicano de rock en ofrecer un concierto en la capital mexicana, casi seis meses después de que toda actividad fuera cancelada. Lo que por supuesto no es poca cosa.

Días antes de su presentación, tan fieles son sus fans que en tiempo récord (apenas casi un par de semanas) logró vender la totalidad del boletaje disponible en el recinto Open Air Arena Ciudad de México, días antes de que llegara este show. Y lo mejor es que lo ha hecho solo, sin ayuda de ningún otro artista, lo que da cuenta tanto del poder y fuerza que guarda su propuesta y que va creciendo, encaminándose a labrar su propia leyenda, así como de las ganas del público por olvidarse un poco del confinamiento y rendirse ante la evocación hedonista de su incombustible hard rock, que se le revienta en la cara a aquellos que afirman que el género está muerto. Basta ver la emoción del público, las bocinas de los coches a tope, las luces de los vehículos yendo al ritmo de la música, en fin, el regreso de la magia de los shows en vivo, para descubrir que no es así y descubrir que México tiene en Railrod a un digno relevo generacional destinado a cosas grandes.

La flama que ilumina a Railrod se centra musicalmente en el groove revitalizado de los años setentas y ochentas, mezclando sonidos del hard, glam y metal que se tienen bien identificados y que quedan plasmados en cada tema que tocan sin miedo, con la convicción y seguridad de quien sabe lo que tiene. Y vaya si traen poder. Railrod es una banda condenada a vivir y compartir sus mejores riffs en vivo, en una experiencia única que permite a los profanos descubrir en ellos la magia de la nostalgia rockera, refrescada con sonidos modernos que crean una simbiosis única y disfrutable. “Como la flor” es el tema que presentan esta noche, en un recital que arranca con “Krma” y “Can’t hide what you’re feelin’ baby” y prosigue, uno a uno, con los temas emblemáticos de esta banda que desde el principio tiene al público rendido a sus pies.

No se entiende como Os -que es demasiado joven o sabe devorar los años- muestra ese protagonismo en el escenario, como si tuviese todas las tablas del mundo, pero así es, el escenario de Open Air le queda pequeño. Solo prestando atención entendemos que Os en realidad es Railrod, es decir, que no es una banda, es un proyecto personal donde no queda más que reconocer su talento, ejecución, composición y desenvolvimiento, para generar lo que será el monstruo rockero en esta década y en el que cada uno de los integrantes saben perfectamente cuál es su papel y qué hacer. “Black & White”, “Nightspell”, “The Hermit Pt I”, “Tryin’ to fit”, “Nada se ve bien”, “Two paths” suenan incólumes en esta primera parte del show.

La segunda parte resultó ser una oda a los clásicos, a las influencias, al respetuoso maremágnum de himnos que se suceden uno tras otro, hasta llevar al paroxismo a los asistentes, que despiertan en cada nota sus emociones más sinceras y profundas hermanados por el rock. “Dream On” de Aerosmith y hasta un medley en el que caben canciones de Metallica, Led Zeppelin, Kiss y Guns and Roses, hacen vibrar el piso de Open Air, despidiéndose finalmente con “Quit?”, un tema que cuenta con un puntilleo de guitarra impresionante. Se debe resaltar el excelente resultado en la ejecución de “Soldado caído”, una canción que mezcla el hard y glam rock que sonó increíble.

Railrod hizo magia esta noche, siguen siendo ésa digna banda orgullosamente mexicana, capaces de escalonar al trono de los grupos de rock de estadio en poco tiempo. Su show que adquirió un carácter épico, tanto por la enorme producción como por ser la primera noche rockera tras seis meses de paro total en la capital del país, hizo de esta una presentación histórica e imborrable. Y es que el ascenso de Railrod parece no conocer límites. Que así sea.

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