TRAS BAMBALINAS. 4T, las tribus y la pugna adelantada por el 2024

Jorge Octavio Ochoa. Es Licenciado en Periodismo con estudios en la Universidad Latinoamericana (ULA) y la escuela de periodismo Carlos Septién García. Ha sido reportero durante más de 30 años en los periódicos El Día, Unomasuno y El Universal y comentarista en Radio 13. Reportero titular en las fuentes de Sector Energético, Presidencia de la República, Cámara de Diputados, Instituto Federal Electoral. Fue columnista en los diarios El Día y Unomásuno. Coeditor y jefe de información de la sección Ciudad de El Universal. Reportajista y cronista. Fue asesor de Comunicación Social en la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (Sedatu) y en el Registro Agrario Nacional (RAN). Director del proyecto LAREDSOCIAL, como nuevo espacio para las opiniones en redes sociales.
Contacto: jorge_octavio_ochoa@hotmail.com

Por Jorge Octavio Ochoa. Por primera vez, a dos años de su llegada al poder, Andrés Manuel López Obrador pudo sentirse plenamente satisfecho. Su gira de trabajo por Estados Unidos, la primera como Presidente de la República y quizá una de las pocas en su vida, fue todo un éxito.

No se puede, ni se debe, escatimar elogios para un periplo que, si bien fue muy breve, dejó algunas lecciones de lo que una buena organización puede lograr. El discurso, en la Casa Blanca, fue la columna vertebral de toda la estrategia para fijar posiciones en torno al tratado comercial más ambicioso del mundo.

Como auténtico estadista, López Obrador subrayó esta vez, no las asimetrías entre dos pueblos y gobiernos que comparten fronteras, sino que puso en relieve la importancia que, para la región y para el mundo, implica la sociedad entre México-Estados Unidos-Canadá.

En estos momentos, la balanza comercial de América del Norte frente a los tigres asiáticos es deficitaria por casi mil millones de dólares, pero con el potencial geográfico y continental que poseen, sobre todo México y Estados Unidos, pronto podría ser la región más poderosa del planeta.

Esto fue lo que dejó entrever el presidente de México en ese discurso, pero también resaltó la importancia que ha tenido la mano de obra mexicana en el desarrollo del vecino país. Marcelo Ebrard logró que, al menos en esos dos días, no se tocara nada sobre “el muro”, ni sobre el trasiego de armas y drogas en la frontera.

No fue, entonces, poca cosa lo logrado, porque tan sólo en este primer viaje, López Obrador dejó muy bien definida la inclusión equitativa y respetuosa de México a un mercado abierto, entre tres países con raíces, culturas e intereses muy diferentes, pero que se necesitan. Sobre todo ahora, que el mundo entró en un hoyo negro.

Sin embargo, aquí lo paradójico del tema, es que el codiciado T-MEC marcará poco a poco una distancia, abrirá una brecha con América del Sur, América Central e iberoamérica. Contra lo que pensaban muchos críticos de la 4T, esa “venezuelización” de México no se dará, al menos en el aspecto comercial.

Este asunto, plantea además una dificultad discursiva para los partidarios y miembros de Morena, que han basado su postura ideológica, en un desgastado discurso contra el neoliberalismo, el consumismo, el libre mercado y el empoderamiento de la empresa privada.

Pero en los hechos, los coloca en una especie de bipolaridad, porque aquellos que fueron “la mafia del poder” son los mismos que acompañan al Presidente en sus viajes internacionales; son los sujetos que arropan al mandatario y llevan el mensaje a sus pares: “confíen en México, no habrá estatización ni socialismo”.

Así pues, esta primera gira internacional marca un parteaguas en la postura ideológica de un partido que se dice “en movimiento”, pero que cada día causa más confusión entre los que podrían ser sus partidarios; sobre todo ahora, en que la disputa del poder por el 2024 está ya desatada.

Hay que observar los movimientos y expresiones de Martí Batres, John Ackerman y la propia Yeidckol Polevnsky, enfrentados todos ellos con Ricardo Monreal; otros, de manera más discreta, con Alfonso Ramírez Cuellar, en una pugna que va más allá de la dirigencia nacional de Morena e impacta en la sucesión presidencial.

Puede verse claramente, a través de sus mensajes cotidianos de Twitter, a quienes conforman el bloque de la polarización; los que confrontan y provocan a los “adversarios” del régimen, a los “neoliberales, conservadores y fifis”, como los ha llamado el Presidente de la República.

En otro extremo está el ala moderada, simpatizantes de Ricardo Monreal, que han preferido bajar el tono de la confrontación con los opositores, particularmente con PAN, PRI, PRD y Movimiento Ciudadano, con los que ha logrado varios acuerdos en el Senado de la República.

Uno de los más “acelerados”, “revolucionados” y “agresivos” es John Ackerman, académico de la UNAM y miembro del comité que evaluará las candidaturas de los candidatos a ocupar las 4 vacantes que se renovarán en el Consejo General del INE en las próximas semanas.

Lejos de mantener una postura equilibrada y ecuánime respecto al entorno político-electoral de México, Ackerman ha entrado en confrontación con Monreal y con todo aquel que se declare opositor al régimen. La última semana se sumió en el silencio tras las denuncias de presunto enriquecimiento ilícito.

Él y su esposa, Irma Eréndira Sandoval, titular de la Secretaría de la Función Pública, han guardado silencio luego de una serie de acusaciones por la adquisición de 9 propiedades de las cuales 6 fueron pagadas al contado; entre ellas un terreno que literalmente le fue obsequiado durante el gobierno de Marcelo Ebrard en el DF.

Así, mientras López Obrador empieza a adentrarse en la segunda mitad de su mandato, en la que todo parece irle mal y empieza a debilitarse aceleradamente, hay una especie de “alineamiento” en torno a la estrella de Marcelo Ebrard, el que hace prestidigitación y milagrosamente le arregla todos los entuertos.

¿Será que en Estados Unidos también empiezan a mover sus piezas del control político sobre México?

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