Sucidio, un asunto de salud pública

Motín-en-cárcel-venezolana-deja-un-saldo-de-23-muertos-y-14-heridos.jpg

La Organización Mundial para la Salud (OMS) de Naciones Unidas, señaló que ocurre un suicidio cada 4 segundos en el mundo, esto en el marco del Día Internacional de la Prevención del Suicidio.

El masculino triplica o cuadriplica al femenino(con excepción de China), pero pocos lo consideran un problema de género, posiblemente porque las mujeres lo intentan de media tres veces más que los varones pero fracasan»

En México, para que el Gobierno atienda de manera integral a las personas que intentan o intentan y logran suicidarse, así como a sus familiares, la Senadora Mónica Fernández Balboa, Presidenta de la Mesa Directiva presentó una iniciativa de su grupo parlamentario.

Dicha iniciativa propone la creación del Consejo Nacional para la Prevención del Suicidio, que será presidido por el Secretario de salud, y la implementación del Programa Nacional de Prevención del Suicidio.

La senadora Fernández Balboa explicó que es alarmante el aumento de suicidios y de intentos de muerte autoinflingida en México, ya que en los últimos 22 años ha crecido en 244%.

También que la atención se dé no solo a la persona que intenta suicidarse, sino a su familia, ya que todos se ven afectados de manera directa.

Los informes más recientes del INEGI señalan que entre el año 2000 y el 2016 murieron 83, 490 personas en nuestro país por lesiones autoinfligidas con el propósito deliberado de perder la vida, y que en 2017 perecieron otras 6 559 personas.  La información desagregada por edades señala que de estas muertes más del 40% se producen entre adolescentes y jóvenes de entre 19 a 29 años de edad, y que la gravedad del problema no mengua con el paso del tiempo sino todo lo contrario. Con base en información oficial del INEGI, diversos estudios académicos apuntan que la tendencia de muertes por suicidio es claramente ascendente, pues se observa que la frecuencia de muertes por lesiones autoinfligidas ha aumentado en México un 244% de 1994 a 2016, es decir, en tan solo 22 años.

Literalmente, millones de mexicanos están expuestos a la posibilidad de ser víctima de la enfermedad mortal del suicidio. En su último informe el INEGI reporta en el rubro de estadística sobre enfermedad mental que el 32.5 % de los individuos encuestados de doce años en adelante han contestado afirmativamente a la pregunta de si han sufrido depresión en alguna etapa de su vida.

Los datos duros aquí presentados son prueba suficiente que la elevada incidencia del suicidio en México afecta gravemente el derecho a la salud de las personas establecido en el artículo 4 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y de la vida misma, y que el Estado Mexicano está por tanto obligado a proveer el remedio.

El suicidio no es solo un gravísimo problema de salud pública de México. La Organización Mundial de la Salud de la ONU (OMS) advierte que al año mueren en todo el mundo 800 000 personas por esta misma causa; y calcula que por cada persona que logra su cometido, 20 más lo intentan sin éxito. Informa la OMS que los métodos de suicidio utilizados con mayor frecuencia son la ingestión de plaguicidas, el ahorcamiento y el uso de armas de fuego; y que el 79% de las muertes por suicidio se produce en países de ingresos bajos y medianos. Es por esto que dicha Organización promueve entre los Estados Miembros de las Naciones Unidas las políticas públicas apropiadas para la decidida contención y reducción de este mal. La acción propuesta por la OMS es “elaborar y poner en práctica estrategias nacionales integrales de prevención del suicidio, prestando especial atención a los colectivos en que se haya detectado un mayor riesgo de suicidio”, y el objetivo del Milenio 2020, en su numeral 3.2. indica que se deberán “Implementar programas de prevención del suicidio”.  

El suicidio es un mal que no solo siega la vida de la persona que lo lleva a cabo, sino que también genera graves consecuencias para la salud física, psicológica y emocional de los familiares que sufren una tragedia de tales proporciones, y que por tanto requieren igualmente de atención como parte de su derecho humano a la salud.

Sin embargo, a pesar de la elevada incidencia de este mal que tanto afecta a un derecho fundamental de los individuos y familias que integran la sociedad mexicana, no se le ha otorgado el tratamiento legislativo que amerita, ni tampoco se ha implementado desde el Poder Ejecutivo un programa nacional de prevención del suicidio en el que participen las autoridades de los tres órdenes de gobierno, y en el que concurra además con su imprescindible esfuerzo la sociedad misma que lo padece.

En cuanto a políticas públicas para prevenir el suicidio, ha de reconocerse que México se encuentra lastimosamente rezagado con respecto a tempranas y exitosas experiencias que han tenido otros países de América Latina para remediar la patología suicida. Y sostengo por tanto que el derecho a la salud de los mexicanos establecido en el artículo 4 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos no se satisface si no se incluye la atención pública al problema del suicidio entre los males que provocan miles de muertes al año, o afectaciones a la salud de quien ha sufrido en carne propia la patología o su entorno familiar y social. Los estudios científicos sobre el suicidio han logrado identificar que las causas que impelen a una persona a privarse de la vida son multifactoriales; y también que el suicidio se puede prevenir. Entre las causas del suicidio se encuentran disfunciones emocionales, enfermedades mentales, stress económico y laboral, pobreza, violencia intrafamiliar, alcoholismo, drogadicción y acoso escolar. Y del diagnóstico multifactorial propuesto desde las ciencias de la salud y la sociología han surgido también las esperanzadoras medidas preventivas de carácter interdisciplinario que pueden ayudar a reducir significativamente las muertes por lesiones autoinfligidas.


Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

scroll to top