Se necesita un sabio, no un mesiánico

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TRAS BAMBALINAS.- Se necesita un sabio, no un mesiánico

Por Jorge Octavio Ochoa.- Después del 1er Informe fallido, con una decena de datos que no tienen corroboración alguna, ahora México se encuentra en medio del repicar de campanas, que nos avisan el resurgimiento del crimen organizado y la tentación autoritaria de algunos miembros de la 4T que, lejos de querer dialogar y negociar con los opositores, los quieren aniquilar.

Esto coloca al Presidente en un verdadero dilema, pues las circunstancias del país orillan a tomar decisiones terminantes o aceptar, en su caso, el rotundo fracaso en materia de seguridad nacional y política económica. El hecho es que desde dentro de la 4T, algunos de los dirigentes lejos de ayudar a resolver los problema, se empeñan en complicarlos.

El intento de entronización de Porfirio Muñoz Ledo en la Cámara de Diputados, la remoción de Jorge Winkler en la fiscalía general de Veracruz y la extensión del mandato de Bonilla en BC, son avisos inequívocos de que algunos dentro del nuevo régimen, pretenden imponer decisiones  extralegales o políticas, incluso contra la prédica de López Obrador.

La presentación del Paquete Económico 2020 se da en medio, reiteramos, de la crisis de inseguridad más grave en la historia de nuestro país, con un nuevo hallazgo de medio centenar de bolsas con restos de cadáveres humanos en Zapopan, Jalisco y justo después de que las investigaciones de la brutal masacre de Ayotzinapa parecen irse directamente al caño.

Así, en medio de la metamorfosis que está sufriendo Morena como partido gobernante, más que un mesiánico, México necesitará un verdadero sabio que nos sepa gobernar, porque tenemos ya enfrente el fantasma del autoritarismo, de la entronización disfrazada de sistema democrático, pese a que el anhelo de los pueblos va precisamente en contra de ese tipo de avasallamiento.

El problema es que, a la luz de este primer año de mandato, vemos a un Presidente más cercano al mesianismo que a la sabiduría; que interpreta los reclamos y las críticas, más como contubernios y  confabulaciones, que como expresión de esa otra parte de la ciudadanía que no se siente representada por él.

Si Andrés Manuel López Obrador quiere cambiar este estado de cosas, tiene que sentarse a escuchar; hablar menos, dejar de vilipendiar y tender la mano a esos a los que ha llamado “conservadores”. El Presidente tiene que poner fin a su confrontación con los partidos de oposición y tender puentes de negociación, como ya lo hizo con el escándalo de San Lázaro.

Debe entender que esos a los que hoy considera adversarios y de los que tanto desconfía pueden ser, a la postre, la mejor defensa y la mayor demostración de que busca enderezar el rumbo para bien del país, no para el regocijo de unos cuantos, que hoy le aconsejan emprender la embestida final para tomar todas las naves destrozadas de los adversarios.

Los “Noroñas” y los “Padiernas” no pueden convertirse en el factótum de la transición, menos ahora que su gobierno entra en el fiordo de una realidad que lo obligará a tomar decisiones muy duras, que muchos le criticarán, pero que son necesarias, si es que realmente pretende poner un punto final al avance del crimen organizado y de la corrupción.  

López Obrador ha tendido puentes casi con todos los sectores, pero a los únicos que no les ha corrido esa cortesías es precisamente a los partidos políticos, que son con los que curiosamente necesita negociar. Dentro de esos partidos a los que tanto ha vilipendiado, hay gente valiosa, que ha tenido una preocupación real de cambiar al país.

Son hombres y mujeres que, como Porfirio Muñoz Ledo, han visto desde dentro el engranaje del “sistema” y que tienen propuestas con las que al menos se pueden comprometer sin esconder la mano, sobre todo ahora que se llegue el momento de poner en marcha el verdadero rostro de las fuerzas armadas para enfrentar al crimen organizado.

Necesitará de esos partidos: PRI, PAN y PRD, ahora que se llegue el momento de confiscar bienes multimillonarios a empresas que florecieron a la sombra del crimen organizado, del narcotráfico y del lavado de dinero. No es un hecho aislado que se nos informe del hallazgo de 150 empresas factureras que propiciaron en México el lavado de dinero y la evasión fiscal.

Esto implica que en México existen alrededor de diez mil empresas que han operado con casi 9 millones de facturas apócrifas por un monto de 1.6 billones pesos, lo que significa una evasión de 354 mil millones de pesos, equivalente a 1.4 del PIB. Es un descomunal monstruo que tendrá que combatir y para ello necesita el apoyo de todos.

No, no es sólo con los “machuchones” de la industria y del gran capital en quienes encontrará los mejores consejos para llevar al país. Con todo respeto, no son los Azcárraga, ni los Salinas Pliego, ni Carlos Slim quienes lo ayudarán a sacar la nave del atolladero. Tiene que escuchar también a los cultos, a los intelectuales, a los políticos y quizá a los sabios, si es que los encuentra.

Tiene que aprender a escuchar, a valorar y tomar decisiones colegiadas, que no salgan de su sola voluntad. Así como afirma que el Ejército es “pueblo con uniforme”, entre sus pares de la política también hay “pueblo”; con corbata, pero pueblo. La manera en que aplaudieron a Muñoz Ledo tras rectificar un error, es la mejor muestra de que puede contar con algunos de ellos.

Ni las mentiras impías o las promesas incompletas le servirán de mucho para esta larga travesía de 5 años; de nada le sirve inventar la historia de las 100 universidades, o creer que las minibecas para jóvenes construyendo el futuro o las pensiones para adultos mayores mejorarán la situación. Se necesitan medidas drásticas que el pueblo no aceptará mientras siga la polarización.

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