TRAS BAMBALINAS.- Entre la verdad y la mentira

Porfirio.jpg

Por Jorge Octavio Ochoa.- Es verdad que México es un país profundamente desigual. Las diferencias en el nivel de ingresos pueden medirse de varias maneras, pero lo cierto es que existe un contraste abismal, brutal, entre los que más tienen y los marginados.

En el mundo asalariado, los que menos perciben, tienen un ingreso mensual de entre 6 mil y 7 mil pesos, contra sueldos de 250 mil. En la élite de los que más ganan se encontraban hasta hace poco, funcionarios del gobierno federal, gobernadores, alcaldes, diputados, senadores, líderes de opinión y académicos.

Esta es una verdad rotunda. Existen muchas gráficas que ejemplifican la disparidad del ingreso y el abuso que se ha registrado durante más de 5 sexenios, en un ejercicio corrupto que, por si no fuera suficiente, se aderezó con prácticas como “el moche”, la “iguala”, “el diezmo” que hizo más ricos a los ricos.

Sí, todo esto es cierto y México necesita una limpia, una depuración que corrija no sólo esas distorsiones, sino el desorden social que ha permitido el acenso del crimen organizado al poder. Los negocios sucios han aflorado a diestra y siniestra, a lo largo y ancho del país.

DINERO LÍQUIDO NO DECLARADO

El problema es que el discurso de la ética y la moral pierde fundamento cuando vemos que en los hechos, las prácticas son las mismas. Cuando en nuestra vida cotidiana, a nivel de piso, vemos que se mantienen los mismos rituales y la misma permisividad populista.

Es cierto que más de la mitad de la población en este país percibe ingresos que no alcanzan para comer, incluidos entre ellos el gremio periodístico. Tampoco hay tiempo libre, ni diversión, porque las jornadas de trabajo son infames, más de 14 horas al día; 3 de ellas, perdidos en el tráfico.

El problema es que se cuestiona en lo macro el modelo “neoliberal”, pero en lo micro se dejan correr las mismas prácticas populistas y corruptas no sólo para paliar la pobreza, sino para mantener huestes de votantes y formas ilícitas de ingresos que no se declaran.

Los nichos de negocio de la delincuencia organizada permanecen intocables y podemos conseguir desde música, películas “pirata”, hasta celulares robados, ropa, perfumes y drogas que se venden a granel en amplios centros de distribución y mercados ambulantes.

Al menos en la Ciudad de México el 80% de los capitalinos sabemos perfectamente cuál es la ruta o el rumbo donde podemos hallar algo de eso, porque son los propios gobernantes que permiten, propician ese comercio corrupto que les reditúa grandes ganancias.

En la Ciudad de México podemos ver y oler, a plena luz del día, la venta de droga, piratería, productos robados. Se expande por las calles, invade los carriles confinados del transporte público. ¿Por qué subsiste todo eso? ¿Dónde está la transformación?

¿Esto es algo nuevo? ¡No! Cuando Andrés Manuel López Obrador fue jefe de gobierno, impulsado entonces por el poderoso PRD, ese nicho de negocio, lejos de combatirse, fue promovido y surgieron nuevos liderazgos que hoy ocupan puestos de elección popular.

Dicen que la mejor manera de “blanquear” dinero o evadir al fisco es el efectivo. Ese mar de negocio ilegal es lo que ha dado movilidad a miles de millones de pesos que se mueven directamente en los bolsillos de unos cuantos; esos que no necesitan tarjetas de crédito ni cumplir con grandes declaraciones patrimoniales.

¿En dónde está esa moral de la que ahora nos hablan?. Los nichos de negocio permanecen intocables. No se corta la cabeza. Subsisten por igual: casas de cambio, gasolineras, restaurantes, comercializadoras de autos, puestos de piratería, taxis tolerados. Esto es lo que genera y lava el dinero sucio del crimen organizado.

Andrés Manuel tuvo todo para combatir ese mal en la ciudad de México, incluida una Asamblea Legislativa con aplastante mayoría del PRD. Ni de chiste los tocó. Hoy tenemos las mismas imágenes y los mismos males con rostros y apellidos distintos en algunos casos.  

LA DESIGUALDAD COMO DISCURSO

El discurso de la desigualdad pierde sentido cuando son ellos mismos los que la prohíjan. Aquí, en términos reales, sólo se trata de discursos para dividir, para confrontar, para confundir. Eso es lo que le da el verdadero soporte a la llamada Cuarta Transformación.

Hoy, en algunas aulas universitarias ya se habla de la distancia entre pobres y ricos. Miden incluso por deciles. Dicen que hay más de 200 posiciones o niveles salariales entre lo que gana un trabajador de intendencia y un catedrático de alto nivel, con diplomados y maestrías en el extranjero.

Se habla de lo justo o injusto de esos esquemas y se introduce un lenguaje socializante en el mejor de los casos, o fundamentalista, en el peor, acompañado no sólo por citas bíblicas, sino por auténticas huestes que repartirán casa por casa la Constitución Moral.

Pero cuando se toca el tema de los recursos sindicales, resulta entonces que  prevalece una absoluta opacidad. Y no sólo hablamos de Carlos Romero Deschamps, sino de otros líderes menores que pergeñan entre uno y 5 millones de pesos en gestiones que duran tan sólo dos años.

El colmo es que voceros, representantes o familiares de esos líderes corruptos son los que hoy promueven la confrontación, con el tema de la “desigualdad” como discurso.

¿Cuál es el cambio si no hay transparencia? ¿Dónde está la autoridad moral? El actual gobierno, por ejemplo, sólo ha cambiado el nombre de los socios, pero hace las cosas como en el pasado y tres de cada 4 licitaciones las adjudica de forma directa, sin proyectos maestro, ni estudios de factibilidad.

LAS DOS CARAS DEL PODER

Es indudable, que quizá uno de los grandes logros que podrá blandir este gobierno al término de su mandato, es que puso un freno a la voracidad con que la clase gobernante se enriqueció con sueldos, sobresueldos, comisiones, compensaciones y prestaciones desorbitados.

La sola reflexión en torno al cumplimiento del artículo 127 Constitucional ocasionó un cisma que hasta la fecha, a regañadientes, está en vías de cumplirse, por parte de aquellos que se encuentran en la parte superior de la pirámide social. Esto, por sí solo, es un logro histórico que no se le podrá escatimar.

Lo lamentable de esto es que el cambio se está fraguando en el molde de un PRESIDENCIALISMO BRUTAL que, más que democrático, es voluntarista, y no permite márgenes de crítica o reflexión. Ese regreso al Presidencialismo servil es lo que podría dinamitar el avance que hoy López Obrador cree estar logrando. 

El problema es que hasta los de su primer círculo empiezan a dudar. No sólo es la renuncia de Carlos Urzúa. Hay varios más que no están de acuerdo, ni con las formas y con el fondo de los cambios. Hay quienes advierten un tufo autoritario, como se ve a la luz del caso Baja California.

YEIDCKOL, LA IMPOSICIÓN EN BC

Lo ocurrido en aquella entidad es otro foco de alerta sobre la forma en que algunos miembros del nuevo partido en el poder interpretan la democracia. Para Yeidckol Polevnsky es “una locura” organizar elecciones cada 2 años. Sin embargo, antes de los comicios nunca habló de la ampliación.

Eso, en el barrio se llama “chicanada”. Tenía en mente el procedimiento para que, de ganar Morena, iniciaran en trámite para la ampliación de mandato, incluso por medio del soborno a los miembros de la oposición. ¿Dónde está lo ético y lo moral de dicho paso? ¿La Constitución Moral permite eso?

Pero, como decíamos, hay varios que ya no están de acuerdo ni con la forma ni con el fondo de cómo se están haciendo las cosas, y en un verdadero soplo de dignidad, Porfirio Muñoz Ledo y Tatiana Clouthier, se manifestaron en contra de este “albazo” constitucional.

Lo que vemos ahora es que, sin un entramado de leyes sólido, no hay democracia que se pueda sustentar. ¿Qué tan confiable puede ser un Congreso local que vende su voto en una elección que fue organizada para un periodo de dos años? Si hoy se brincan la ley, entonces en el futuro podremos esperar cualquier cosa.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

scroll to top