TRAS BAMBALINAS. Homilía de mentiras y un sermón circular

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Por JORGE OCTAVIO OCHOA.- Tenemos motivos para estar preocupados. Los hechos y sobre todo las afirmaciones de las dos últimas semanas, deberían llenar de zozobra a cualquier espíritu democrático.

Sin embargo, como siempre, en México no pasará nada… y  pasará todo.

Los focos de alarma están encendidos por 3 hechos fundamentales que reflejan una peligrosa confusión de conceptos, que ponen en un mismo nivel los universos de la teología, la política y la ficción. Estos tres hechos son:

1.- La concepción sobre justicia, derecho y ley respecto a la crisis humanitaria de inmigrantes, la CNTE y la reforma educativa.

2.- La percepción sobre los pobres, los humildes y los perseguidos, a la luz de las bienaventuranzas y las concesiones de TV pública a las iglesias.

3.- La militarización velada que se pretende realizar en la selva del sureste donde pasará el tren Maya.

Fiel a su estilo, el Primer Mandatario abre nuevamente debates que la humanidad no ha podido resolver durante siglos. Naciones enteras se han despedazado, sin poder dilucidar qué está primero: la justicia, la ley o los derechos (llámese derechos humanos, religiosos o de preferencia sexual).

El Derecho, la Ley y la Justicia, aunque son ideales del ser humano, muchas veces chocan y no pueden ir de la mano, como claramente pudo verse este fin de semana, con la crisis humanitaria de refugiados en México.

Por este tema, el gobierno de Andrés Manuel López Obrador fue duramente criticado por algunos medios que incluso lo acusaron, quizá injustamente, de “perseguir” inmigrantes de Centroamérica.

La catalogaron como “redada” de Agentes del Instituto Nacional de Migración (INM) y de la Policía Federal en el municipio de Mapastepec para detener y deportar a quienes pretendían seguir su caminata hacia el centro del país.

El tono de la crónica fue abiertamente favorable a los inmigrantes, con ese ánimo (entendible pero no justificable) de misericordia para los desvalidos, que sufren represión y persecución en sus países de origen:

“Entre llantos de las mujeres y los niños, los migrantes centroamericanos fueron perseguidos por la carretera y las calles de Mapastepec, para después ser subidos por la fuerza a las camionetas del INM y las patrullas de la Policía Federal, y luego trasladados hacia Tapachula”.

“…fueron perseguidos y capturados”; “vieron frustrados sus sueños de seguir en su camino, tras la redada…”; “en un fuerte operativo por demás violento, en el que se utilizó helicóptero y cientos huyeron a los montes, mientras mujeres y niños fueron detenidos”.

El activista y defensor de los derechos humanos de los migrantes, Rubén Figueroa, denunció que el presidente Andrés Manuel López Obrador está dispuesto a todo por complacer a Donald Trump…

Mientras esto ocurría en la frontera sur, el Presidente pontificaba vía twitter: “Bienaventurados los pobres, los humildes, los que lloran, los que padecen, los que tienen hambre y sed de justicia y los de buen corazón… porque de ellos será el reino de los cielos”, pero se refería a los “pobrecitos” de la CNTE.

En realidad hay pasajes bíblicos que son hermosos, cuando expresan una actitud personal respecto a los otros, pero que se vuelven insostenibles en la tarea de gobernar.

Desde Chiapas, el activista Figueroa acusaba: “Para el gobierno mexicano es preferible ver a las personas migrantes traficadas y no organizadas, arremete contra las “caravanas” pero no así contra las estructuras del tráfico de personas…”

En medio de estos dos mundos de la teología y la política se abre la pregunta: ¿En cuál de los dos lados está, ya no digamos la razón, pero sí el derecho, la justicia y la ley? Que respondan los juristas (no los juaristas).

Sin embargo, en estricto sentido el gobierno de México sólo ejerce lo que es su obligación constitucional: cumplir y hacer cumplir la ley, lo cual no implica que se haya iniciado ninguna “guerra estúpida” contra nadie.

Se trata incluso de un asunto de Seguridad Nacional. ¿En qué cabeza cabe que cubanos, salvadoreños, nicaragüenses o africanos puedan cruzar por todo el territorio mexicano, como Pedro por su casa, para ir a los Estados Unidos?

A la luz de este caso se puede observar lo peligroso que resulta parafrasear las bienaventuranzas, sin tener claro los estadios en los que deben imperar la justicia, la ley y los derechos humanos.

Citar las bienaventuranzas podría ser un acto inocente y lleno de buenas intensiones, pero se vuelve hipócrita cuando detrás hay toda una intencionalidad, política y de manipulación.

Reabrir, por ejemplo, la posibilidad de dar concesiones de televisión a las iglesias para difundir sus homilías, es contrario a la ley, de no haber una reforma constitucional antes.

SI JUÁREZ NO HUBIERA MUERTO… SERÍA EL PRIMER ACTIVISTA vs AMLO

La lucha de Juárez y la Guerra de Reforma alcanzaron, entre uno de sus mayores logros, la separación de la iglesia y el Estado. Se buscó poner fin a una historia de enconos luego de que, en el nombre de Dios, se cometieron tantos pecados.

Así se terminó con interpretaciones subjetivas, teológicas o unipersonales sobre el derecho y la posesión de bienes; la aplicación de la justicia y el castigo corporal a los infractores de la ley terrena, más allá de las leyes celestiales.

Y es que la iglesia, principalmente la católica, no sale bien librada, si se le analiza respecto a su relación con el Poder y el dinero. No obstante, ha sido una de las más importantes defensoras de la lucha histórica por los derechos humanos.

En las grandes guerras, las iglesias fueron remanso. Muchas iglesias sobrevivieron a los bombardeos, porque eran el referente visual, espiritual y humano para los límites de la bestialidad.

Este fuerza intangible es lo que mantiene vivas a las iglesias, por ese sentido de protección de los desvalidos, los pobres, los perseguidos. Son el espacio de una justicia divina cuando se ha perdido toda esperanza.

Sin embargo, aún así hay abusos ancestrales desde la fundación misma de la iglesia católica en nuestro territorio. Desde entonces empezó la distorsión de lo que es la justicia, la ley y el derecho.  

Al pueblo de México se le ha tratado, desde hace siglos, como imbécil, paria y desposeído.           Quizá la reacción más inteligente que éste tuvo, fue precisamente el sincretismo que se dio después de la conquista.

Cuando los españoles creyeron conquistado el nuevo mundo; los indígenas, aterrados por la barbarie de los invasores, hicieron creer que se sometían, pero dejaron bajo los palacios  españoles, el legado de una cultura portentosa.

MILITARIZACIÓN DE ZONAS INDÍGENAS

Hasta aquí, vemos como esa percepción sobre los pobres, los humildes y los perseguidos se vuelve una expresión profundamente HIPÓCRITA cuando vemos que en el fondo, el actual gobierno quiere verles nuevamente la cara.

En medio de este falso debate sobre exigir que España se disculpe o no, México vive una nueva paradoja pues se plantea como un acto de justicia y reconciliación un abuso que ahora se pretende cometer otra vez sobre los pueblos indígenas.

La semana pasada, el Presidente López Obrador anunció casi con gozo religioso, que las fuerzas armadas patrullarán la selva del sureste, “para protegerla de la explotación y la pesca ilegal”;  para que “no la sigan saqueando”.

Sin embargo, en otra parte de su gira por Campeche, informó que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, avaló que su país invierta en la construcción del Tren Maya y otras obras de infraestructura en el sureste mexicano.

Esto, luego de una reunión que tuvo en Mérida, Yucatán, con el secretario de Comercio de ese país, Wilbur Ross, quien le transmitió “la buena nueva” que hoy pone feliz a ambos mandatarios.

Así, bajo el argumento de que “se acabará con la explotación de la selva más extensa del país”, López Obrador pretende iniciar un “operativo del Ejército”, militarizar el sureste mexicano y bloquear desde ahora todo acto de protesta.

Ésta quizá será la mayor traición que el nuevo régimen recetará a sus millones de seguidores, que presumiblemente arrasarán en las próximas elecciones de Puebla, Aguascalientes y Baja California, entre otros estados. 

Será pues la mayor traición, porque estará sentado en el engaño más burdo y grosero por reclamar el abuso de hace centurias y servirse ahora de los territorios indígenas sin una consulta verdadera.

El tren Maya tendrá una extensión de mil 500 kilómetros desde Palenque, pasando por Escárcega, Campeche, Mérida, Cancún, Tulúm, Kalakmul y de vuelta a Escárcega.

“Es como un circuito que abarca toda la Península y más abajo”, ha dicho “él”, como si se tratara del descubrimiento de la tierra prometida, luego de entregar “Apoyos a Beneficiarios de los Programas Integrales de Bienestar en Campeche”.

El Proyecto del Tren Maya, como fuente de desarrollo regional, es positivo. Lo nocivo del asunto es el engaño; el trato de imbéciles que se les quiere volver a dar, en medio de un doble discurso entre la mentira y la verdad.

El discurso es falso y muestra el rostro innoble de un régimen que cree que en verdad beneficiará al pueblo, pero que en los hechos, no sabe cómo protegerá a los propietarios originales para que no les sean esquilmadas sus tierras.

Es lamentable, es triste, porque toda la negociación está sentada sobre la “buena fe”, pero también con la mano siniestra portando las armas tras las espaldas, por si algunos se resisten a los nuevos tiempos.

En la homilía, maneja la verdad y la mentira, con un tono de bondad: “hay que cuidar al medio ambiente, sino ya ni el camaroncito va a haber y eso no es justo, que no se vaya a pescar ni siquiera una sardina”.

El sureste tiene prioridad, aunque no les guste, lo digo con todo respeto, en otras partes. El sureste siempre estuvo abandonado, ahora ya le toca; por eso viene el Tren Maya, con una inversión de 120 mil a 150 mil millones de pesos”.

Ellos le creen, le siguen, porque él combatirá a los demonios de la corrupción. Mientras tanto, allende el Río Bravo y más allá de las fronteras, otros se frotan las manos.

Más del 70 por ciento de las nuevas concesiones en este gobierno, se han otorgado sin licitación. Tiene autoridad moral, dice. No tiene por qué pedir permiso.

Pero “él” sabe que a la vuelta de los años, entonces pedirá perdón, en medio de su abandonada y solitaria vejez. Dios ve, escucha. No creas que estás al margen, ternurita.

A ver qué sermón nos receta el “paladín de la justicia”. Si de los justos es el reino de los cielos, ¿será mejor entonces morirse?

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