TRAS BAMBALINAS. Con el buche lleno de piedritas, descubrió otra mafia

Por Jorge Octavio Ochoa.- Día con día, López Obrador se ha mantenido en las primeras planas, cosa que desde las épocas del presidencialismo a ultranza no ocurría.

Sin embargo, la entronización del poder esta vez ha tenido un efecto esquizoide: todo mundo sabe que él tiene el control absoluto pero, en los hechos, no se siente. Prevalece el ambiente de descomposición.

El tema de las guarderías infantiles, aunado al de la Guardia Nacional y la reforma al artículo 19 Constitucional, son asuntos disruptivos que, simple y llanamente, no cuentan con el consenso social.

Para colmo, los indicadores económicos, sociales y políticos están lejos de transmitir una sensación de estabilidad. Hay un liderazgo fuerte, pero también hay confusión y peor aún: hay desencanto.

En el tema de seguridad nacional, los asesinatos y enfrentamientos violentos se siguen dando como en los dos anteriores sexenios. En el terreno financiero, los mercados perfilan un México que no despierta confianza para la inversión.

En lo social tampoco hay sosiego. El aumento a los mínimos no ha impactado en los niveles de vida y en los hechos vemos que de enero a la fecha se han registrado cerca de 5 mil despidos al día.

Las instituciones públicas y las empresas privadas están arrojando trabajadores a bocanadas. La zozobra sigue y muchos de los que le apoyaban hoy simplemente se preguntan sorprendidos: “¿Qué es lo que quiere hacer este hombre?”

Aunque muchos pensamos que hay buena fe, buenas intenciones en sus actos, lo cierto es que hasta en las sobremesas familiares ya algunos no saben qué argumentar para defender actitudes tan cambiantes.

A menos de medio año de su mandato, López Obrador se enfrenta ya a expresiones de descontento de ese “pueblo bueno” que no quiere 800 pesos mensuales en la mano, sino guarderías instaladas.

En este acelerado tránsito del poder, el mandatario no se ha dado cuenta que con sus mañaneras, también les ha hecho un favor a sus adversarios pues los ha quitado del foco de atención.

En circunstancias normales, hoy el PRI y PRD estarían pensando con más cuidado el sentido de su voto en el tema de la Guardia Nacional pues, si apoyan la militarización, estarán viendo sus últimos años de existencia.

Pero la masa social no está viendo en estos momentos ese tipo de “detalles”. Sigue azorada observando cómo el primer mandatario se confronta por todos lados, en esa implacable lucha contra la corrupción.

El último gran incidente se registró en los últimos días, cuando se fue de boca en sus expresiones contra intelectuales y académicos, a los que ahora también agrupó en lo que él llama los “machuchones”, la “mafia científica”.

Académicos, universitarios, científicos fueron integrados en un mismo costal luego de los cuestionamientos que ha recibido por los nombramientos fallidos que se han registrado en Conacyt, donde la mediocridad parece ser el máximo nivel.

López Obrador ya estaba irritado con el fallo de la Suprema Corte, que frenó su deseo de limitar las ambiciones de todos los voraces que usan el dinero del erario público para darse la gran vida con enormes sueldos y prestaciones.

BURLONES ENDÉMICOS

Pero lo que le llenó el buche de piedritas fueron las críticas no sólo burlonas, sino sistemáticas a la serie de enmiendas que pretende introducir en el mundo de la ciencia y la intelectualidad.

La semana pasada, Morena presentó en el Senado de la República, una iniciativa por la cual, de entrada, modifica la estructura -no sólo las siglas- del Conacyt y pulveriza de tajo la participación de las universidades.

Es algo muy parecido a lo que pretende hacer en Pemex, donde sepultará al Consejo de Administración para concentrar en el Ejecutivo Federal y en el director de Pemex, todas las decisiones fundamentales.

El caso es que, en el tema del Conacyt, Morena anunció que busca dar “un golpe de timón” a la política científica del país, a partir de crear el Consejo Nacional de Humanidades, Ciencias y Tecnologías (Conahcyt).

Este nuevo Conahcyt concentrará la toma de decisiones y para ello desaparecerán los siete órganos colegiados, donde las universidades e investigadores tienen presencia.

La justificación oficial es que con ello -dicen- se evitará que el dinero público beneficie a privados. Es un “cambio jurídico de raíz” que impulsa el nuevo gobierno.

Sin decirlo, Morena y el propio Presidente de la República dan por sentado que desde las universidades se ha permitido que “ciertos grupos del sector privado y gestores de recursos incidan negativamente en la política pública de la ciencia, tecnología e innovación, así como que el uso de recursos del sector para solventar obligaciones de los gobiernos de las entidades federativas”.

Esta enmienda legislativa, que de por sí fue cuestionada por el mundo académico, estuvo acompañada por una serie de nombramientos que, más que irritación, movieron a la hilaridad en toda la sociedad.

Todo empezó con Edith Arrieta Meza, diseñadora de modas, que fue nombrada subsecretaria de la Comisión Intersecretarial de Bioseguridad y Organismos Genéticamente Modificados del Conacyt porque su familia era campesina y ella sabía mucho del cultivo de maíz. El Conacyt la destituyó de su cargo.

Luego siguió David Alexir Ledesma Feregrino subdirector de la Coordinación de Comunicación del Conacyt, quien no tiene título universitario pero aún así percibiría un sueldo de más de 44,000 pesos mensuales por llevar las redes sociales de la Comisión. Renunció a su cargo el jueves.

También se encuentra en el ojo de la polémica María Chávez García, quien ostentaba el cargo de Secretaria Administrativa del Fondo Sectorial del Conacyt. Fue diputada en la legislatura pasada del Congreso federal por Morena, solo estudió hasta la primaria y tuvo empleos como demostradora de lencería, perfumes y cosméticos.

Entre la experiencia administrativa sostiene que fue auxiliar del regidor de Ecatepec, en el Estado de México y enlace territorial presidencial en el municipio. Finalmente no fue contratada.

Cabe destacar que en situación similar se encuentra Ana Gabriela Guevara, directora del CONADE, quien sólo cuenta con secundaria terminada y Genaro Villamil, quien no ha terminado su licenciatura.

EL EXTALLIDO Y LA RUPTURA

El hecho es que esta serie de hallazgos en las redes sociales hicieron reventar el ánimo de López Obrador, quien sólo atinó a decir, más como amenaza que como simple comentario:

“Están muy molestos algunos del Conacyt, los machuchones […] Se sienten desplazados”; “hay mafias en todo, hasta en la ciencia. Mafia, aunque parezca increíble, en la cultura, en la intelectualidad. Cotos de poder, eran intocables y también con sueldos elevadísimos y tampoco con tanto nivel académico”.

Nadie, en el brillante grupo de asesores del Mandatario, se acercó a decirle que de ahí precisamente emanaba una de sus principales fuentes de apoyo político-electoral. Son los mismos que veían con desprecio las andanzas del PRI, PAN y PRD.

Así pues, López Obrador perdió los estribos y estalló, sin darse cuenta que se lleva entre las patas a unos de sus principales aliados. Ahora, los universitarios ven a las claras, que hay una abierta pretensión de intervenir en la autonomía universitaria.

Este tipo de intromisiones se empiezan a ver, por ejemplo, en el caso de la Universidad Autónoma Metropolitana, que lleva más de 16 días en huelga, porque el SITUAM quiere plazas, mano ancha en nombramientos y becas. Y ya se ve la intromisión desde la Cámara de Diputados, con Gerardo Fernández Noroña a la cabeza.

El hecho es que en el debate público, todo mundo apoya la lucha contra la corrupción. Es evidente que México es un país que perdió el rumbo y los partidos como el PAN, PRI, PRD se prestaron a la corrupción, igual que el PT, PVEM.

Sí, el fin es loable, pero no las formas. Pulverizar autonomías, desaparecer Colegios Académicos, Consejos de Administración para decidir unilateralmente todo cuanto se haga porque su moral es impoluta, es una farsa.

Las decisiones verticales y unilaterales son lo más lejano a un sistema democrático y de justicia al que aspira cualquier sociedad. Ni dios podría decir que nunca se equivocó.

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